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Olajuwon, el bailarín de la zona


Hoy, gracias a esos 34.000 seguidores en Instagram, os contaremos la trayectoria de uno de los mejores pivots de la historia, el número 34 de los Houston Rockets, el hombre que convirtió el juego en el poste en un baile para dos o para tres, Hakeem The Dream Olajuwon. 


La larga travesía de Hakeem comenzó en Lagos, Nigeria donde practicaba todos los deportes excepto el baloncesto. Balonmano, salto de altura, fútbol, hockey sobre césped… Pero con dos metros de altura a los 16 años estaba destinado a este maravilloso deporte que se juega con las manos. Tras solo dos años jugando en su país –ya apuntaba maneras–, su entrenador le impulsó a que viajara a Estados Unidos en busca del sueño americano. Olajuwon –al principio reacio con esta idea­– no conocía a nadie en este país por lo que le pusieron en contacto con Guy V. Lewis, entonces entrenador de la Universidad de Houston. “Por supuesto, me dijo que medía casi 2,03 metros e inmediatamente me imaginé que no llegaría a los dos metros de altura”, afirmaba el entrenador en el reportaje Hakeem The Dream. Después de varias conversaciones puso rumbo a Houston donde un taxi le esperaría en el aeropuerto. Tras salir de ese coche amarillo, Lewis supo que no mentía respecto a su altura. Olajuwon había llegado a Houston para convertir a los Rockets en el mejor equipo de la NBA, aunque esto todavía nadie lo sabía.

En su primera temporada con la Universidad de Houston, y aún con Olajuwon sin llegar a ser titular, el equipo se planta en la Final Four de New Orleans y sólo cae ante un equipo que posteriormente sería campeón, North Carolina, con Michael Jordan, James Worthy y Sam Perkins. ¿Les suenan verdad? Manteniendo el bloque que les había llevado hasta las semifinales nacionales, los Cougars (así se llamaba el equipo de la Universidad de Houston) partían al año siguiente como máximos favoritos al título. Hakeem, que hasta ahora solo sabía desenvolverse en defensa, tuvo la oportunidad ese verano de trabajar el ataque con una leyenda. Para convertirse en titular tuvo que superar un gran escollo, Moses Malone. Fue uno de los veranos más duros para el pivot africano porque en esos tiempos la zona era un territorio bélico. Y así se lo hizo saber Moses Malone. El aprendizaje de este joven center en el baloncesto recién comenzaba. 

Durante su segundo año universitario, Hakeem avisó al mundo del baloncesto que estaba listo para dominar. Ya no era una desventaja en ataque y el juego de los Cougars mejoró gracias a ello. Realizaron una temporada brillante, cayendo únicamente en dos partidos en toda la temporada antes de llegar al Torneo Final. A principios de año ambas, frente a Syracuse y ante Virginia, donde dominaba el baloncesto universitario a su antojo un hombre de 2’20 con alma de alero, Ralph Sampson. Pronto sabremos más de este gigante. Houston llega a Marzo como número 1 Nacional y vence con claridad, lo que le otorga la presencia en la Final Four por segundo año consecutivo. En semifinales destrozaron a Louisville (93 - 81) que entonces era el segundo mejor equipo, por lo que a priori la final parecía más fácil que la semifinal. North Carolina State de Jim Valvano logró una de las mayores sorpresas de la historia de la NCAA. Quedando segundo en el tanteador, el campeonato nacional se decidiría en una jugada final. Un triple a falta de tres segundos que no toca aro y que el pivot de los Wolfpack convierte en un mate para lograr así la remontada (54 – 52). A pesar de todo, Olajuwon fue nombrado mejor jugador del torneo, uno de los pocos que lo consiguen sin que su equipo gane. Una gran noche individual (20 puntos y 18 rebotes) pero que sus compañeros no supieron igualar (Drexler, Young y Micheaux sumaron en total 14 puntos entre los tres).

Hakeem Olajuwon sentía que debía intentar una vez más ganar el campeonato. Al contrario que sus compañeros, aguantó otro año en la NCAA. Sin la mayor parte del equipo de 1983, el nigeriano tenía el destino de los Cougars en sus manos. En su tercera temporada lo nombraron Jugador del Año. Llevó a Houston a una racha de 32 victorias y volvería a la final de la NCAA. Esta vez tocaba Georgetown Hoyas y su gran center, Patrick Ewing. Como en toda la temporada, Hakeem lo intentó sin ayuda de sus compañeros algo que le pasó factura. La profundidad de plantilla y el talento de Georgetown fueron demasiado para los Cougars. Ewing ganaba la primera batalla, pero no la guerra. Después de su tercer año universitario, Olajuwon decidió ir a la NBA. 

“Hakeem Olajuwon, quien comenzó a jugar baloncesto hace apenas cinco años en Nigeria, es ahora la primera elección para los Houston Rockets”, afirmaba el comentarista de USA Network en la ceremonia del Draft de 1984. Por encima de Jordan, algo que en aquella época no parecía nada raro porque se estilaba un equipo con un pivot dominante para ganar el campeonato. Nadie cuestiona la elección de Olajuwon como primero –sino ya lo veréis más adelante– pero lo que nadie entiende (ni entenderá) fue la elección de Sam Bowie como número dos. Este Draft tiene para un reportaje entero, así que continuemos. 

La elección de Olajuwon por Houston provocó inmediatamente que se hablara de la pareja interior que formaría junto a Sampson, aquel pivot de 2,20m del que hablamos anteriormente. De esta manera nacieron las Twin Towers (Torres Gemelas) de los Rockets. En los dos primeros años de Hakeem los texanos pasaron del último puesto a competir por el anillo. En la temporada 1985-86 arrasarían en el camino de las eliminatorias de Playoffs. Pero antes de llegar a la final les tocaría el “coco” del Oeste, Los Ángeles Lakers defensores del campeonato de la NBA. En el primer partido, Kareem Abdul-Jabbar utilizó su vasta experiencia en eliminatorias y dio una lección a las Torres Gemelas. No había duda, eran los campeones y esa noche fueron mejores, 1 – 0 para los Lakers. Hakeem estaba decidido a no bajar los brazos y consiguió una espectacular remontada poniendo el marcador a favor (1 – 3). En el quinto partido con empate a 112 en el marcador y un segundo por jugarse, Houston tiene posesión de balón. Desde el banquillo de Lakers el balón se eleva hasta el centro de la zona, donde recibe Ralph Sampson, de espaldas al aro y con Abdul-Jabbar en su espalda. El 50 de Rockets realiza un escorzo en el aire, palmea el balón en dirección a la canasta y acaba entrando tras golpear el aro y elevarse un metro. Una canasta antiestética que valía un título de conferencia. Los “imbatibles” Rockets –como se les apodó– se enfrentaban en la final a uno de los mejores equipos de la historia, los Boston Celtics de Larry Bird y compañía. El juego versátil de este equipo de ensueño acabó, precisamente, con el sueño de Hakeem Olajuwon. Pero el futuro parecía estar destinado a pertenecer a Hakeem y a los jóvenes Rockets. 
La temporada siguiente no trascurrió como se esperaba ya que Houston perdió a tres de sus titulares, incluido Ralph Sampson por lesiones y problemas de vestuarios. Esto dejó a Olajuwon al mando del equipo mejorando cada vez más sus números. Fue incluido en el mejor equipo de la NBA y llevó a los Rockets a Playoffs. Pasada la primera ronda contra Portland Trail Blazers de su amigo Drexler, se enfrentaban a Seattle SuperSonics. Al borde de la eliminación en el sexto partido en Seattle, Houston apeló por otra actuación heroica de Hakeem Olajuwon. Marcas dobles y triples sobre el nigeriano que solventaba con canastas espectaculares. Jugó su mejor partido como profesional hasta entonces –anotó 49 puntos– alargando el partido a una segunda prórroga. Aun así, no fue suficiente ya que Seattle puso fin a sus aspiraciones de volver a la final de la NBA. La desazón de Hakeem era el preludio de lo que sucedería en las temporadas siguientes. 

Olajuwon se quedó solo, con un grupo de compañeros que cambiaba constantemente. Las torres gemelas se separaron y esto dio paso a una sucesión de eliminatorias marcadas por derrotas y desilusiones… En esta época el equipo estaba en decadencia y él tuvo que sostener las aspiraciones de título prácticamente solo. Su juego ofensivo progresó tanto que podía enfrentarse en la pintura a marcas dobles o triples y tener más oportunidades de anotar él mismo que con un pase a alguien desmarcado. Así que empezó a surgir el rumor de que era un jugador egoísta. El disgusto de Hakeem fue peor cuando sufrió varias lesiones que le imposibilitaban jugar. Una de ellas originó un enfrentamiento con Charlie Thomas, dueño del equipo en aquella época. La temporada 1991-92 llegaba a su fin y Olajuwon no jugaría los Playoffs por primera vez y los rumores sobre su salida del equipo texano se expandieron. “Estaba listo para irme, estaba listo para jugar en otra parte”, afirma el nigeriano en una entrevista años más tarde. Gracias a Dios –nunca mejor dicho, porque retomar su fe en el islam fue una de las consecuencias para que se quedara– Olajuwon permaneció en Houston.

La temporada siguiente parecía la indicada para lograr el ansiado sueño. La plantilla mejoró sustancialmente y Houston formó un gran quinteto con Kenny Smith y Vernon Maxwell en el Backcourts, Robert Horry y Otis Thorpe como potencia física y la estrella Hakeem The Dream Olajuwon. Tras varios años manteniendo en el tintero a los Rockets, ahora podía deleitarse con la ayuda de sus compañeros. Se convirtió en mejor pasador y en un excelente estudiante del juego. Por fin se disipaban los rumores sobre un jugador egoísta. En la post-temporada no perdieron ningún partido en la primera ronda contra Clippers, en las semifinales de conferencia les esperaban unos viejos conocidos, Seattle SuperSonics. Siete partidos agónicos que concluyen con un final apoteósico en el tiempo extra. Seattle parece ser la horma del zapato de Olajuwon. Nuevamente se llevaron la eliminatoria, pero esta vez había otro sabor de boca. En el vestuario, Hakeem se alzó por encima de todas las cabezas agachadas y dijo: “Empezamos ahora”. Era un peldaño más en la escalinata hacia el anillo. 

Los Rockets comenzaron la temporada 1993-94 con un récord de 15-0 imbatido hasta hace poco –como ya sabréis– por Golden State Warriors (24-0). Hakeem condujo a los Rockets con un gran ritmo desde el comienzo, dominando en ambos lados de la cancha, consiguiendo así el mayor logro individual para un jugador de baloncesto. “Estoy aquí representando a millones y millones de fans del baloncesto en todo el mundo para decirte que has tenido una carrera espectacular en la NBA. Has llevado a tu equipo a la mejor temporada que hayan tenido. Tienes un lugar en el salón de la fama y tienes una elegancia y una gracia espectacular. Felicitaciones por haber sido elegido el Jugador Más Valioso (MVP) de 1994”, fueron las palabras de David Stern a la entrega del premio. Compartían una relación especial ya que en el primer Draft de David Stern como comisionado fue elegido Olajuwon como número uno. 

Se sentía la presión cuando los Rockets comenzaron su odisea en las eliminatorias. Nervios, fallos, pérdidas de balón bochornosas… Pero si Houston estaba nervioso, Hakeem rápidamente los tranquilizó. En Portland, Chris Dudley lo marcaba y, sencillamente, no pudo hacer nada para detenerlo. Y los Houston Rockets pasan a la segunda ronda donde se medirán a los Phoenix Suns de Charles Barkley defensores del título de la conferencia oeste. Increíblemente los Rockets desperdiciaron una ventaja de 18 puntos en casa para el primer encuentro. El segundo partido tomó las mismas pautas y otra vez la ventaja inicial de Houston se desvaneció. Las dudas volvieron, ¿pasaría lo de siempre? ¿Se quedarían a las puertas? La enfermedad que Charles Barkley contrajo en Space Jam parecía afectarle a Olajuwon y su séquito. Tercer partido de la serie y los Suns gana dos a cero. Como siempre, Hakeem se aseguró de que la situación no se fuera de las manos. En caso de duda, recurra al MVP y eso hicieron. Al ganar el tercer y cuarto partido en la cancha de los Suns la confianza volvió sin tener que recurrir a los Looney Tunes. Los siguientes dos partidos se repartieron con equidad, cada equipo ganó uno. Llegando así al sétimo y decisivo último partido en Houston. Olajuwon demostró porque era el MVP, liderando de principio a fin anotando 37 puntos y capturando 17 rebotes. En una de sus mejores actuaciones, el center se aseguraría de que el mote “Ciudad sin coraje” desapareciera de una vez por todas.

La Final de Conferencia del Oeste fue algo casi impensado. Los Rockets estaban en plena forma y eliminaron a Utah Jazz, que por aquel entonces tenía como estrellas a Karl Malone y John Stockton. Cuatro a uno y los Rockets vuelven de nuevo a la Final de la NBA. 

Esta vez, en el último escalón le esperaba un rival conocido, Patrick Ewing. Diez años atrás, Ewing había derrotado a Olajuwon en la final de la NCAA. Ahora, como si de una película se tratara, Hakeem tenía la oportunidad de revancha en el mejor escenario posible. En el primer partido, la historia estuvo en manos del MVP. La alegría y el fulgor de las calles de Houston por la primera victoria en la serie se traspasaron a los jugadores. Mientras, los Knicks pensaban en el segundo partido y planeaban la revancha. Pat Riley planteo una batalla en la zona que Olajuwon no supo ganar. Marcado por dos o tres hombres con un juego rudo, agresivo y de contacto, como le había enseñado en la Universidad Moses Malone. Con esta táctica, los Knicks conquistan Houston. De regreso a Nueva York, los Rockets no daban con la clave al planteamiento de Pat Riley. Con esta asfixia a Olajuwon, los de la gran manzana consiguieron dos de los siguientes tres partidos. 

Sexto partido por la final de la NBA de 1994 y los Knicks lideran la serie 3-2. Ewing y los suyos contaban con la defensa asfixiante a Hakeem pero, desde el inicio, él respondió con gran determinación. En los tres primeros cuartos el marcador se decantaba ligeramente para los texanos. Aunque la embestida de New York llegó finalmente. John Starks desatascaba el partido cuando más lo necesitaban con rachas anotadoras consecutivas. A pesar del cansancio, Olajuwon luchaba ferozmente contra la artillería del rival. Con el objetivo de toda la temporada en juego él encontraría las fuerzas necesarias para realizar una vez más la heroicidad. 86-84, los Knicks pierden por dos con cinco segundos y medio en el marcador. Y… ¡allá vamos! Balón para Starks que tiene enfrente a Maxwell. Ewing sube a la cabeza de la bombilla para realizar un bloqueo que noquea a Maxwell. Starks se queda libre tras un resbalón de Olajuwon que hacía la ayuda. Lanza de tres y… ¡Tocan el balón! Se termina y los Rockets ganan. “Starks comienza a abrirse y Hakeem parece perder el equilibrio y se recupera, ya se lo he visto hacer muchas veces. No hay manera de que se lo impidan”, relata el entrenador de los Rockets al recordar la jugada. Habrá un séptimo partido. 

Las televisiones de ambas localidades mostraban el vestuario con toda la parafernalia dispuesta para festejar el título. El factor psicológico también cuenta y más cuando todo se decide en un único encuentro. El final de la película acaba de comenzar. Desde sus inicios en la Universidad de Houston Hakeem luchó para darle un campeonato a su ciudad. Y ahora, en su cancha ante su público, podría concretar el objetivo de toda una década. Fue un partido duro, feo, los golpes resonaban tanto que te molestaban más a ti que a los jugadores. En planteamiento de Pat Riley fue el mismo que en toda la serie. Al final del partido Olajuwon se sienta exhausto a un lado de la cancha, mientras todo el jolgorio del público se manifiesta en la cancha. ¡Son campeones de la NBA! No tiene ni fuerzas para celebrarlo. La guerra que comenzó en la NCAA había terminado por fin con un final más que placentero. El sueño de aquel niño africano de dos metros de altura se cumplía y con honores (MVP de las finales).

Al año siguiente volvió a ganar el anillo, esta vez a un jovencísimo Shaquille O’Neal en cuatro partidos. Pero eso ya es otra historia. Su sueño ya se había completado. Pese a toda su trayectoria, lo que más sorprende es verle jugar. No hay nadie como él. El mejor juego de pies de la historia, un bailarín en el cuerpo de un siete pies. 



Benjamín Jiménez García

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