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Los esqueletos del báltico


Lituania es de esas selecciones que sin alborotar siempre acaba siendo de las últimas en abandonar la fiesta, a veces quedándose incluso a la entrega de medallas. Fue plata en el último Europeo (2013) y se quedó a las puertas del bronce en el Mundial de España el pasado verano. Además guarda en su vitrina tres preseas olímpicas que le sitúan en la terna de favoritos antes de cada campeonato.

Siempre hay que considerar a países pequeños que respiran baloncesto. Con poco más de tres millones de habitantes, Lituania siempre abarrota las canchas del deporte rey de su país. El Zalguiris y el Lietuvos Rytas se han consolidado en la Euroliga, aunque conviven un peldaño por debajo de las grandes fuerzas europeas. El país báltico es cuna de grandes talentos, y sus canteras no dejan de pulir promesas que aseguran formar combinados competitivos, aunque este año su roster será más homogéneo que nunca (12 de los 17 preseleccionados juegan en la liga lituana).


Unos esqueletos con mucho pasado

Recogiendo el bronce en Barcelona 92
Lituania empezó a labrar su éxito con el balón naranja en los europeos de 1937 y 1939, donde se consagró como mejor selección del continente. Desde entonces sólo se han colgado un oro más (Suecia 2003), pero siempre ha coqueteado con los metales desde que la nación se desvinculara de la Unión Soviética (1990). De la mano de Sarunas Marciulionis, jugador entonces de Golden State Warriors y Arvydas Sabonis, se recuperó la competitividad de un combinado capaz de lograr el bronce en Barcelona 92 y repetir la gesta en las dos olimpiadas posteriores (Atlanta 96, Sydney 2000). Esa generación destacó por recoger su medalla en el pabellón de Badalona vistiendo una camiseta en la que se mostraba a un esqueleto psicodélico haciendo un mate que se convirtió en el icono del baloncesto lituano hasta ser aceptado en el salón de la Fama del Baloncesto, siendo el único personaje de dibujos en conseguirlo. Todavía hoy se venden prendas con el esqueleto Scully machacando el aro, un logotipo creado por el artista neoyorquino Greg Speirs.

El esqueleto Scully, emblema lituano
Desde ese año 1992 Lituania ha contado con grandes figuras en sus filas. Han sido muchos esqueletos que no tenían nada de “saco de huesos”. A los Marciulionis y Sabonis hay que sumar hombres como Karnisovas o Jasikevicius, que han mantenido en la élite al baloncesto lituano. Sólo dos veces ha quedado fuera de las diez primeras selecciones (undécima en 2001 y 2011). El resto de participaciones consiguieron o rozaron el éxito, destacando el oro mencionado en el Eurobasket de 2003, el subcampeonato de Europa en 1995 y 2013, además del bronce conseguido en España 2007. Menos ha brillado el equipo lituano en mundiales, donde sólo cuenta con cuatro participaciones, destacando el bronce cosechado en Turquía 2010.


Candidata silenciosa

En el inminente Europeo de Francia, la selección lituana volverá a ser una de las candidatas a luchar por las medallas si las grandes favoritas naufragan por el camino. Jugará la primera fase en Riga, encuadrada en un grupo asequible con Ucrania, Letonia, Bélgica, República Checa y Estonia. No debería tener problemas para acceder a la fase final, tras una preparación en la que ha cosechado buenos resultados con una única derrota ante Croacia y seis victorias (Finlandia, Austria, Turquía, Macedonia, Australia).
Camino de Lituania al Eurobasket
 A pesar de las bajas de jugadores importantes como Donatas Motiejunas (Houston Rockets), Martynas Pocius (ex Real Madrid), Lunas Kleiza (pasado NBA) o los hermanos Lavrinovic, el combinado dirigido por Jonas Kazlauskas conformará una plantilla sólida y liderada por Jonas Valanciunas, recién renovado con los TorontoRaptors y llamado a ser uno de los mejores pivots del campeonato. Además hay que sumar la presencia de jugadores conocidos en España como Maciulis (R.Madrid) o Kuzminskas (Unicaja). La duda es si en la lista definitiva estará Domantas Sabonis, hijo de Arvydas que ha cuajado una destacable temporada en la NCAA con Gonzaga.
Lista de 17 preseleccionados

Quizá a los esqueletos les falten huesos, pero ni mucho menos serán una calavera. A pesar de las bajas, siempre hay que tener en cuenta la experiencia y el dinamismo del juego lituano. Si los rivales fallan, Valanciunas y compañía buscarán su oportunidad. Por lo pronto, el grupo y los cruces parecen accesibles hasta cuartos de final. Luego, todo puede pasar. Ojo a los esqueletos que no hacen ruido pero meten miedo.



César

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