Noticias
Cargando...

Los indeseables adioses


Es ley de vida retirarse pero no por ello estamos acostumbrados. Los “adioses” suelen llegar por sorpresa y la sensación de que un pedazo de baloncesto se despega del parqué inunda las mentes de los seguidores cada vez que un jugador cuelga las botas. 

Nacer, vivir y morir. Debutar, jugar, retirarse. El primero, ciclo vital; el segundo, ciclo baloncestístico. Todo el mundo nace y vive una vida, hasta que esta acaba. De la misma manera, un jugador de baloncesto debuta, realiza una carrera deportiva, y una vez el físico le alerta de que está al límite de sus fuerzas, se retira. Es natural. 

Es de vital importancia que esos dos ciclos no se perjudiquen y no interfieran el uno en el otro. Hay que saber cómo encajar a la perfección el ciclo baloncestístico en el vital. Eso va a permitir al jugador en cuestión llevar a cabo una carrera sana y duradera. Pero por sana y duradera que sea la carrera, llega un momento en que el físico se resiente duramente y pide el cese de esa actividad deportiva tan exigente. Entonces hay que aceptarlo y retirarse, con el propósito de que el ciclo baloncestístico no afecte negativamente al vital. 

Hace unos días anunciaba su retirada Roger Grimau después de 17 temporadas en la Liga ACB y de haber jugado en 5 clubes (Joventut, Lleida, Barcelona, Bilbao y Manresa). 522 partidos de un jugador que, sin ser nunca la estrella del equipo ni lucir unas estadísticas brillantes, fue siempre importante allá donde estuvo. Ni en Barcelona, ni en Manresa ni en ninguna cancha de la ACB volveremos a ver su postura encorvada a la hora de pasar el campo o de atacar el aro en una de sus habituales penetraciones (que solían acabar con 2 puntos o con falta, o con las dos cosas), ni su peculiar y poco ortodoxa mecánica de tiro. 

Pero, ¿cuáles son los sentimientos que experimentamos cuando se produce un indeseable adiós?

TREN DE SENTIMIENTOS

Añoranza

Cuando un jugador, como en este caso el mediano de los Grimau, anuncia su retirada, vienen de nuevo a la mente de uno jugadores que dieron el mismo paso. En este momento surgen multitud recuerdos y aparece la añoranza. Hay que destacar que la cabeza no entiende de jerarquías. Que es muy probable que de igual manera trate al gran Carlos Jiménez, que al supremo Michael Jordan. Los vuelos de este último y sus jugadas inverosímiles, los destellos de The answer Iverson, la capitanía de Rodrigo de la Fuente, el látigo de Bodiroga, Shaq por la zona, o el gordo Barckley. Todas las imágenes van apareciendo indistintamente. En algunas el cerebro decide detenerse más, otras pasan de manera fugaz, hay algunos jugadores que se nos aparecen a todos cuando nos ponemos a recordar y hay otros que son más personales, que no por ello menos importantes. Muchas veces, y gracias a las nuevas tecnologías, el paso posterior a recordar es buscar y ver. Es decir, ves una asistencia de Nash a Studemire en tu mente y luego la ves en la pantalla del ordenador y la disfrutas todavía más.

Miedo

Después del primer sentimiento, el de sorpresa, y el segundo que aparece, y que dura bastante, el de añoranza, llega el tercero: el miedo. Miedo a la retirada.

Una vez vista la rueda de prensa de despedida, si la hay, y recordados todos los jugadores que ya solo pisan la pista para entrenar – como entrenadores –, para jugar partidos benéficos, hacer homenajes a compañeros – o vivir el suyo propio – o para retransmitir a pie de pista un partido, se suele caer en la cuenta de que hay otros jugadores en el ocaso de su carrera y que pronto tocará ver también sus botas, o sus sneakers para los modernos, colgadas. En ese momento es cuando llega el arrepentimiento por haber preferido ir a jugar una pachanga, a quedarte el sábado por la tarde a ver el partido de Raúl López, por ejemplo. Maldices que el entrenamiento, la clase o el trabajo durase ese cuarto de hora que te hace enganchar el atasco de pleno. Y no lo maldices por el hecho de tener que estar media hora parado en la carretera, sino porque esos tres cuartos de hora eran los que te iban a permitir ver la segunda mitad del partido de Euroliga del jueves, de Juan Carlos Navarro. Desearías no haberte dormido aquella madrugada de aquel partido de aquellas finales de Duncan, Parker y Manudona. En definitiva querrías haber visto todos los minutos jugados de todos estos jugadores de los que más pronto que tarde tendrás que desengancharte. Jugadores tales como Carter, San Emeterio, Pau Gasol, Cabezas, Mumbrú, el gran Kobe Bryant, Pierce, además de todos los mencionados anteriormente y de los, aunque no estén escritos en estas líneas, están pensados en tantas cabezas. 

Esperanza

Después del miedo, toca ya la esperanza. Y la esperanza es justificada, puesto que hay motivos para estar bien esperanzado. Ricky Rubio, Paul George, Septhen Curry, LLull, Marc Gasol, Irving, Hezonja, etc. Habría que llenar muchísimas hojas para enumerar a todos los componentes de esa ESPERANZA. Jugadores de aquí y de allí; nacionales y extranjeros; jovencísimos y también maduros; promesas constatadas y por constatar; algunos de los que lo sabemos todo desde pequeños, y otros que serán una absoluta sorpresa; jugadores que ya se han convertido en leyenda y solo aspiran a agrandarla más y más, como Lebron, y otros que, aunque aún no han salido del caparazón, cuando salgan, pondrán sus respectivas ligas del revés.


Llegarán en breve nuevos indeseables adioses y recordaremos con nostalgia. No dejaremos de añorar a los grandes nunca, y nuevos grandes se añadirán a esos recuerdos. Pero, dados los ingredientes de esta presente generación y las venideras, tampoco nunca dejaremos de disfrutar al máximo de nuestro deporte.

Y como de recuerdos ha ido la cosa, no se puede acabar de otra manera que recordando al gran Montes porque la vida, como el baloncesto, puede ser maravillosa.

Artículo redactado por Samuel Martinez
@SamuMartnez



Alberto Arracó

    Comentar con Gmail
    Comenta con Facebook

0 comentarios :

Publicar un comentario